El Guardián de la Prosperidad.

     Creo que en la mayoría de los idiomas se puede conseguir una palabra que defina lo que es un “Ángel”. En algunas culturas, podría creerse que fueron una especie de extraterrestres, y en un sentido muy coherente, porque bajo lo poco que “conocemos” de ellos, provienen del cielo, y sus costumbres y pensamientos son inentendibles para nosotros. Pero, los Ángeles realmente no existen, o no deberían. Nunca he visto una figura humana alada, que surque los cielos o que luche contra la injusticia, que enceguezca a todos los mortales con su presencia y gloria.

     Un Ángel pareciera ser imposible, en su pureza e incomparable determinación, nacen y existen por un solo objetivo, el cual, creo que no tiene discusión alguna: Proteger.

     Quizá por dicho objetivo, mi mente consiguió el camino para creer en los Ángeles otra vez, porque aunque no ya no tengan alas, siguen manteniendo en ellos una luz que ningún humano tiene dentro de sí, aun y cuando podamos tener bondad en nuestro corazón, ninguno de nosotros nació conociendo su propósito, mucho menos, nos dieron alas e infinita valentía para blandir una espada y defender a una persona sin titubear. Dada esta premisa, llegué a la simple conclusión de que los Ángeles se forman, y nunca jamás, es por elección; quizá en gran parte sea necesario creer en ellos para que puedan existir, para poder reconocer que están entre nosotros, y que dedican cada molécula de energía que poseen por un propósito.

     Últimamente he tenido un pensamiento recurrente, donde una persona se asemeja a un Ángel, y sin duda alguna, me sobran las razones para creerlo, pero sin tener ni una pizca de interés en demostrar que tal idea es cierta, simplemente me limito a observarla, y admirar lo que siento como un propósito que solo un Ángel podría llevar a cabo.

     Probablemente la vida me enseñe más adelante que estuve equivocado en tal pensar, o quizá, que estaba en lo correcto, pero indiferentemente de ello, cuando la veo, pienso en Ángeles… Ángeles que pueden sufrir, que pueden morir, que sienten miedo y pueden dudar, que ya no son maestros estrategas, guerreros por naturaleza, ni con un sentido infalible por la justicia… Los Ángeles de ahora son humanos tratando de vivir más allá de la moral, de la empatía común, y de las costumbres solidarias; porque ya tienen su propio código, un propósito más que nunca es difícil de cumplir debido a que son imperfectos, llenos de limitaciones y debilidades que les ha quitado su divinidad, su antigua y reconocida gloria, pero que, sin embargo, jamás les quitará su luz.

     De tal manera, el hombre concibió la idea de que existe el Cielo, el Infierno, Ángeles y Demonios. Entendió que el mal habita profundamente en las entrañas del Mundo, sus garras sostienen todo lo conocido, y no existe lugar donde no esté su presencia, pero… En algún lugar un Ángel está luchando, que aunque no posee los privilegios de sus antepasados, en su corazón el fuego arde más caliente que en el Infierno, una llama de sublime grandeza, que le consume en el deseo por defender aquello que conserva como sagrado, usando así el fuego de su alma como su única arma, que con certeza doma y controla para poder usarla para proteger, creando así una prueba más, de que así como el Sol brilla distante pero persistente en los Cielos, brindando abrigo y radiando su imponente silueta, los Ángeles brillan entre nosotros, aunque eclipsados por las siluetas de la oscuridad. Y quizá, aunque sea una batalla imposible, algunos sin pensarlo mantenemos una interminable lucha por los Ángeles, que pese a que nos seguimos manteniendo como los débiles mortales, lentamente conseguimos nuestra propia luz, y nuestro propio camino para acompañar a los Ángeles hasta aquel legendario, y muy lejano, Cielo.

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