El Molde.

Y pensar que a éstas alturas de mi vida estaría haciendo alguna otra cosa en algún otro lugar, pero hoy, me encuentro aquí:

Así fue como en algún momento se intentó pasarme a través de un molde; sí, porque yo vine al mundo sin ningún tipo de forma ni concepto, llegué a el como esta amalgama de puro ser y sentir, sin embargo el mundo requería de mí algo coherente, consistente y predecible. Se pidió de una forma.

Me estrujé, chillé, lloré e imploré. El molde presionaba mis mejillas, quebraba mis huesos, partía mis sueños y corroía mi alma. Nací sin molde, pero el molde fue creado para mí, y todos los demás.

Esta era la solución para la invocación, más elevado exorcista, llave cuyo torque ninguna tuerca podría resistir. Más resistí.

Clamé, grité, lloré otra vez, sollocé, pulvericé, retorcí, frustré, morí e intenté renacer.

Porque ser es lo que no puedo evitar hacer. No puedo explicar el porqué, para qué, con qué y a qué. No más soy el conductor en este viaje en el que quiero perseguir el placer del desconocer, del descubrir, del huir, encontrar, impresionar, estallar, hallar, fallar, bailar, agonizar, tragar, soñar, volar, trotar, olvidar.

Solo quiero poder ser. Quiero poder tener conmigo eso que siempre me perteneció, que siempre me identificó, me definió, me determinó, mi gran llamado, mi destino, mi color, mi razón, mi propósito, mi corazón.

Lo que soy, he sido y seré, esa chispa que apaga y enfría, que confunde, que distrae, que se pierde y se encuentra. Esa infinita melancolía por lo conocido y desconocido, por lo misterioso y lo bien definido. Por todo aquello que se encuentra y no se encuentra, etéreo y concreto.

Como una amiba me multiplico, de mis pedazos y fragmentos, me escurro de las grietas del molde, me uno, me reformo, me reconstruyo, me constituyo, me arrastro, me levanto, y como una abominación del horror,

Revivo de entre los muertos.

Comentarios