La Soga
Una parte fundamental de ser considerado adulto, es fingir que todo te ha salido bien, que no sientes dolor y careces de sentimientos, creer que posees autoridad pese a que absolutamente nadie te la ha otorgado, y que además, tienes el deber de decirle a los demás lo que tienen que hacer con sus propias vidas.
Por esto la anarquía suena como un enorme consuelo, porque al final somos simios con ropa, que fueron entrenados para no salirse del patrón que determinaron sus amos, porque la rigidez de las normas y reglas está para controlar a cada persona, y pocos son los que tienen las agallas de salir de ese pequeño recuadro, porque si te atreves a hacerlo, lo más probable es que esta falsa sociedad que está establecida, te aplaste.
¿Quieres hacer lo que te gusta? Lo lamento, morirás de hambre porque eso económicamente es "estéril".
Después de todo es inevitable que necesite hablar sobre esto, es evidente que de niños no sentíamos esta clase de presión, porque no se nos penalizaba por vivir libremente de la manera en que sentíamos querer hacerlo. Ahora tenemos una soga en el cuello que cada día aprietan más, y si tratas de escapar de ella, lo más probable es que pierdas el equilibrio y mueras ahorcado.
Entonces, la única opción, o al menos la única en la que puedo pensar, es la más equivalente a lo que estoy sintiendo: Tomar la soga y subir hasta llegar a su origen, desatarla y conseguir la libertad, donde sea que se encuentre. No importa quien nos haya puesto ahí, nunca le encontraremos porque su trabajo no es observar nuestro sufrimiento, si no dejarnos como ejemplo para todos los demás y seguir con el siguiente. Quizá para algunos la soga sea más larga y tengan que escalar más, y por esto rendirse es una opción fatal, porque la caída nos cortaría la cabeza.
Sin importar en donde esté, la época o las experiencias que me hayan moldeado, siempre me costará comprender la "justicia" y "equidad" que rige a la humanidad, porque solo aprendemos sus definiciones para darnos cuenta de que no están presentes en la realidad, o para convencernos de que sí lo están. Por esto es que sobran los conflictos, en cada rincón del mundo está impuesto algún tipo de sistema que trata de simular una unidad universal, que es completamente incompatible con el mismo intento de unidad de un país vecino. Si nuestra sangre es del mismo color ¿Nuestros intereses deberían ser los mismos verdad?
Con el poco sentido que hay en todo, que enfrenté desde el primer segundo en que estuve consciente de mi alrededor, sé que durante cada minuto hago malabares con la rutina diaria, esperando que los errores que hayan en el camino no me caigan en la cabeza, o en caso de que lo hagan, que pueda sobrevivir al golpe.
Y por esto no debo pararme a pensar: ¿Por qué? y ¿Para qué?
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