Dulce y Amargo.
Las fuerzas que circulan en nuestro interior, viven en una constante lucha para predominar en nuestras decisiones y acciones.
El ODIO busca soluciones eficaces e inmediatas, que aniquilen el problema en un instante y no haya posibilidad de un segundo enfrentamiento. Es voraz y feroz, reacciona rápido y por instinto, y es profundamente vengativo. El odio se enfoca en la destrucción como medio para todos sus propósitos.

El AMOR es paciente y metódico, espera a descubrir la solución que genere menos dolor, pero no se niega a tener que hacer sacrificios. El amor comprende la situación más allá del interés propio, busca la armonía en todos los sentidos y se enfoca en la reconciliación.
Todos utilizamos ambas fuerzas en alguna situación, a veces no podemos diferenciar cual esta actuando en un momento específico, y en ocasiones nos dejamos llevar por una de las fuerzas.
Mi preferencia, es utilizar las dos fuerzas en sincronía. Mi odio hacia la derrota es tan descomunal como mi avaricia insaciable por el sabor de la victoria.
Sé porque alguien mantiene su postura, y cada una de las razones que lo han impulsado a llegar hasta allí, pero el deseo incontrolable de prevalecer sobre él, nunca disminuye. Por esto, para mi el acuerdo es la solución más sana, pero despierta una rivalidad ferviente que mantendrá una legión de contiendas para el futuro.
¿Qué fuerza prefieres? y ¿Cuál prevalece en ti?
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