Corazón de Arena


Nos gusta mucho pensar en el tiempo como granitos de arena, lo cual no es casualidad, el reloj de arena nos ayudó a poder visualizar el transcurso del tiempo a través del movimiento de unos cuantos gramos de arena con ayuda de la gravedad.

Ahora siento mi corazón como si fuese hecho de arena, mas no porque sienta que se lo lleve el tiempo, sino porque se lo lleva el viento, como si fuera parte de un gran desierto.

Un desierto moldeado y transformado a capricho de los elementos, en el que mi propia contribución no es más que solo una ínfima porción de su totalidad ¿Cuántos somos quienes lo conformamos? ¿Dónde empiezo yo? ¿Dónde empiezan los demás?

Es una lástima pensar que de esto se trata la soledad, millones estamos juntos en ella, la conformamos, la confrontamos, la convivimos y la conllevamos. Estamos unidos en el vacío más vasto e infinito que pueda haber, sin poder escuchar nuestros gritos, nuestros lamentos, ahogados en un océano de lágrimas, que no priva nuestras gargantas, sino nuestros rostros y piel.

No puedes consumir un abrazo ¿Qué puedes dar a cambio de uno? ¿Se pueden pedir por entrega? ¿Hay un catálogo que pueda mirar? ¿Por qué cuando más lo necesitas es que más difícil es tener uno? La demanda crece exponencialmente hasta el infinito, dejándote con una sensación de parálisis, desconsuelo, y un profundo ardor que te cuestionas y cuestionas si proviene de ti, de la situación, de tu interpretación, o de tus emociones ¿Es que soy tan frágil?

Busco y rebusco en mi imaginación, viajando hasta lo más recóndito, llevando conmigo la mayor desesperación que jamás he sentido.

En este desierto en el que se encuentra mi corazón, la sed por amor, acabará conmigo antes que la tristeza o el dolor.

Escucho el eco de melodías melancólicas; curioso, porque aunque no hayas personas, encuentras señales. Señales de vida, señales de un sentimiento compartido, señales de que quizá otros te entienden en este momento, y por más que no podamos encontrarnos, sea entre nosotros, o en nosotros mismos, estamos. Somos. Existimos.

Estoy en el desierto, población… ¿Cero?

¿Cuánto más podré caminar aquí? Si de algo estoy seguro, es que no hay malestar que sobrepase la voluntad humana. Sé que no voy a parar, sé que voy a buscar, sé que por más perdido que esté, mi entera presencia se ha trabado en una sola acción, y no hay mecanismo ni evento interno o externo que vaya a cambiar este curso.

Estoy totalmente determinado en lo indeterminable, en lo incierto y perplejo de mi circunstancia. Llevando conmigo lágrimas, música, y la arena de mi corazón.

Comentarios

  1. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
    Proverbios 4:23

    ResponderBorrar
  2. Mira en tu corazón el amor de quienes te valoran, principalmente, el amor de Dios que aunque nunca le hemos visto cara a cara siempre está contigo, autor presente de la vida, del amor verdadero y perfecto con el cual siempre nuestro corazón estará lleno sin sentir vacios ni soledad.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario